Argentina cumplió el noveno proceso electoral de recambio presidencial desde el retorno de la Democracia y esto en sí es una buena noticia. Cuando el Presidente electo recientemente Alberto Fernández cumpla su mandato, nuestro país tendrá cuatro décadas de Democracia ininterrumpida, algo absolutamente inédito en la historia reciente. La contracara de este proceso de institucionalidad política sólida es la economía, con crisis recurrentes que aquejan a nuestro país; que han encontrado respuestas institucionales y en el marco de la Constitución Nacional, pero no soluciones concretas y duraderas que garanticen el bienestar y la estabilidad.

La transición y traspaso del poder es fundamental y requiere de templanza, madurez y compromiso de todos los sectores. Algo natural sería ver qué sucede en otros países, en Chile por ejemplo, algo que también adoptamos en Mendoza. La reunión realizada en Casa Rosada el día después de las elecciones fue un gran paso. Además, el presidente ya solicitó a sus ministros realizar una transición transparente y eficiente. Estos parecen actos sencillos y naturales pero recordemos que en la historia reciente de nuestro país hemos carecido de ellos y que muchas veces un gesto tiene más impacto en la economía que una medida determinada.

Otra característica particular de este proceso es que por primera vez en la región un oficialismo fue por la reelección y no lo logró. En este punto es fundamental hacer un análisis de los errores políticos y económicos cometidos para que esto sucediera. No se cumplieron los objetivos prometidos a la ciudadanía y el resultado final fue la derrota. Aún así, es loable destacar que el ingeniero

Macri es el primer presidente no peronista que cumplirá su mandato constitucional desde el retorno de la democracia y esto -en términos simbólicos- es muy importante.

Ahora, ya en la oposición, se abre una nueva etapa con nuevas reglas y una nueva dinámica en la toma de decisiones. Hay otro sector político en el gobierno del país y será importante el rol que cumplamos desde la oposición. Por un lado, proponer herramientas, analizar, mejorar y acompañar las políticas del oficialismo que sean criteriosas y hagan a la gobernabilidad, y por otro, ser representantes de los más de diez millones de argentinos que eligieron opciones diferentes a la que resultó finalmente ganadora. No hay margen para gobiernos de mayorías absolutas y ese equilibrio es una buena señal.

Desde Juntos por el Cambio debemos mantenernos unidos como coalición de partidos, cada uno con su propia identidad y particularidades. Debemos seguir funcionando como una coalición parlamentaria con fuerte presencia territorial en provincias e intendencias. Tenemos el gran desafío de representar a más de 40% de los argentinos que, más allá de la situación económica, nos acompañaron el 27 de octubre con su voto, manifestando su voluntad de mantener un conjunto de valores que son indispensables para una idea de país republicano, federal y plural. En concreto y desde el Congreso de la Nación, debemos ejercer el rol de oposición con suma responsabilidad.

El país -una vez más- está en crisis y en el marco del diálogo y el consenso tenemos que lograr encausar el rumbo para recuperar el crecimiento y el desarrollo. La paridad en la conformación de ambas cámaras legislativas -lo cual es una buena noticia- permite anticipar que debemos seguir trabajando en un sistema parlamentario de diálogo entre los diferentes espacios. Las leyes que se quieran tratar deberán ser consensuadas y fruto del acuerdo. Urge poner en marcha el sistema productivo y recuperar variables positivas que dinamicen la economía y alivien la difícil situación social.

(*) Senado nacional por Mendoza (Juntos por el Cambio). Ex vicepresidente de la Nación.

Fuente: http://www.telam.com.ar/notas/201911/405936-crisis-economica-y-fortalecimiento-institucional.html

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