Este sábado se cumplen 110 años del nacimiento de la actriz, cantante y bailarina Imperio Argentina, nombre artístico de Magdalena Nile del Río, que desde su San Telmo natal proyectó una carrera europea que la convirtió en una de las intérpretes más reconocidas del cine español de la primera mitad del siglo XX.

Nacida el 26 de diciembre de 1910, tuvo una vida que atravesó 92 años que conocieron la fama, la gloria y el mito, no carente de cuestionables situaciones como su adhesión al franquismo o los coqueteos con líderes de la Alemania nazi, y cuya despedida personal de la Argentina se produjo en 1994.

Ese año, el productor y empresario Enrique Carreras la hizo participar de una revista, “Corazón del buen humor”, en el teatro Gloria -donde funcionó un cine especializado en películas españolas de Avenida de Mayo al 1200-, en un hecho que sacudió el ambiente artístico porteño con personalidades como Libertad Lamarque y Nati Mistral en la platea.

Los orígenes de Magdalena Nile del Río, su verdadero nombre, están en la inmigración a la Argentina de su madre malagueña, aspirante a estrella, que llegó a Buenos Aires de forma clandestina en la bodega de un transatlántico, y un padre nacido en Gibraltar, por lo tanto de nacionalidad británica aunque con raíces hispanas.

El hombre, Antonio Nile, era aficionado a la música y solía ir acompañado por su pequeña hija a los cafés donde a principios del siglo XX florecían cantantes que luego serían famosos, al tiempo que su madre la empujaba a emular a artistas como Pastora Imperio cuando pasaban por la capital porteña.

Entonces surgió una amistad con la estrella española, que actuaba en el teatro Comedia -Calle de las Artes 248, hoy Carlos Pellegrini, de la mano que fue demolida por el trazado de la avenida 9 de Julio- y quedó impresionada por la gracia de la pequeña Magdalena, quien practicaba canto y baile casi desde la cuna.

Ese vínculo sirvió para que la futura Imperio debutara en 1916 durante un festival benéfico por las víctimas del vapor “Príncipe de Asturias”, hundido ese año cerca de Búzios (Brasil) con la pérdida de 457 vidas, mayormente españolas, en el viejo teatro San Martín, de Esmeralda al 200.

Allí debutó como Petite Imperio, en homenaje a su admirada compatriota, y ese fue el puntapié para sus estudios de danza con Anna Pavlova y Ricardo Nemanoff en el Teatro Colón, sus actuaciones en los “biógrafos” capitalinos donde acompañaba las películas mudas junto a la guitarra de su padre y finalmente una gira familiar por varias provincias que remató en Lima, Perú, donde se vinculó con lo más granado de la colectividad hispana.

Con 12 años cumplidos y una popularidad que iba creciendo, conoció al escritor Jacinto Benavente y a los toreros Juan Belmonte e Ignacio Sánchez Mejía –amigo dilecto de Federico García Lorca- y terminó adquiriendo su nombre definitivo gracias al dramaturgo, que ese mismo año, 1922, ganó el Premio Nobel.

Benavente estaba en el Perú con la compañía José Bódalo-Eugenia Zuffoli, que representaba una de sus comedias, e instó a Antonio Nile a que viajara con su hija a Madrid y volviera a bautizarla, ahora como Imperio Argentina, en homenaje de Pastora Imperio y a Antonia Mercé, “la Argentina”, también porteña de nacimiento.

Su llegada a España fue una escalera a la fama que se inició en 1924 en los teatros Calderón y Romea de Madrid, el Liceo de Salamanca, el Dorado de Barcelona y remató en un contrato con la Perseo Films SA para rodar la primera versión (silente) de “La hermana de San Sulpicio” (1927), dirigida por Florián Rey, quien entre 1934 y 1939 fue su marido.

Ya en el período sonoro, en 1930, protagonizó “El amor solfeando”, de Armand Guerra, y “Su noche de bodas” (1931), de Louis Mercanton y Florián Rey, donde cantaba a dúo con Manuel Russell el vals “Recordar”, cuyo éxito no solo multiplicó la venta de discos, sino que obligaba a los operadores de los cines a repetir el fragmento varias veces a pedido del público.

Luego llegaron “El profesor de mi mujer”, de Guerra y Robert Florey, y “Lo mejor es reír”, de Rey y E.W. Emo, rodada en Estados Unidos en castellano, y “Melodía de arrabal” (1932), de Louis Gasnier, y “La casa es seria” (1933), de Lucien Jaquelux, en las que acompañaba nada menos que a Carlos Gardel, incluso en algunas canciones.

Sus éxitos se prolongaron con la versión sonora de “La hermana San Sulpicio”, la nombrada “Nobleza baturra” y “Morena clara” (las tres de 1935 y dirigidas por Rey). Bajo la batura del argentino Manuel Romero había rodado antes “¿Cuándo te suicidas?”, en Hollywood.

Florián era un hombre práctico: durante la Segunda República tuvo buena relación con las autoridades de Cultura y rodó con Imperio “Nobleza baturra” y “Morena clara”, que exploraban la lucha de la mujer en la vida rural, pero con la caída de ese régimen ambos se afiliaron a la Falange y viajaron a Berlín para incorporarse a la industria del cine hitleriana.

En Alemania realizaron dos películas en castellano, “Carmen la de Triana” (1938) y “La canción de Aixa” (1939), ya con el matrimonio resquebrajado y el consiguiente divorcio: se había corrido la voz de un presunto vínculo amoroso entre la estrella y Marlene Dietrich –ya establecida en Estados Unidos-, quien estaba visitando su país y preparaba las valijas para huir cuanto antes del nazismo.

Su filmografía no sufrió mella y el público siguió aplaudiéndola desde su vuelta a España con “Carmen la de Triana” (1938) y “África” (1939), de Rey, “Goyescas” (1942), de Benito Perojo, y “La maja de los cantares” (1946), también de Perojo y filmada en la Argentina.

También “La copla de la Dolores” (1947), de Perojo, fue filmada en estas playas y fue un formidable éxito de público; lo curioso es que su galán en ese filme fue el exiliado español Enrique Álvarez Diosdado, un fervoroso militante republicano.

Imperio Argentina falleció a los 92 años el 22 de agosto de 2003, en Benalmádena, Málaga, Andalucía. En 2011, ocho años después de su muerte, recibió una Estrella en el Paseo de la Fama de Madrid.

Fuente: https://www.telam.com.ar/notas/202012/539643-110-anos-del-nacimiento-de-imperio-argentina.html